Lunes  23 de Octubre en Carlos Paz, Córdoba, Argentina

Cataluña once días para recordar u olvidar. ¿Y ahora qué?

Por Paco Arenas

Especial para El Diario

El día uno de octubre fue un día que no se borrará de la memoria colectiva de los españoles, menos de los catalanes. En directo pudimos ver como ciudadanos que querían ejercitar el derecho al voto eran apaleados como en los peores tiempos de la dictadura franquista, lo cual provocó la indignación de todo el mundo, menos quienes apoyan al reaccionario gobierno de Mariano Rajoy. También, por supuesto, de muchos españoles, de aquellos que creemos realmente en la democracia y que nuestras costillas todavía guardan en la memoria las cicatrices de aquellos primeros años de la presunta transición a la democracia.

Esa indignación, en Cataluña fue mayoritaria, muchas personas que no tenían pensado votar, finalmente fueron a votar con la rabia de lo que habían visto por la mañana. Una amiga barcelonesa me lo decía:

“Estoy en contra de este disparate independentista, mucho más de que nos impidan ejercer un derecho democrático y nos arrastren escaleras abajo. Por eso he ido a votar, he votado que no, pero he votado”.

En el resto de España, por el contrario, todo el aparato de propaganda se puso al servicio del gobierno, a los independentistas desde los medios de información y desde los partidos políticos de la derecha franquista (PP y de la nueva derecha C,s, los calificaron de golpistas y anti-demócratas. El PSOE tuvo dos voces diferenciadas, la estatal, que apoyó con ciertas críticas a la actuación policial, pidiendo la recusación de la vicepresidenta del Gobierno, Sáez de Santamaría, y a la vez apoyándolo con decisión, ni sí ni no, sino todo lo contrario. Por su parte, su filial catalana, el PSC, ha mantenido en todo momento un discurso coherente, mostrando los puntos flojos de las tesis independentistas, condenando la actuación policial y llamando al entendimiento en un marco democrático, tan alejado del autoritarismo de Rajoy, como de la forma tan poco democrática de llevar a cabo el proceso por parte del presidente Puigdemont en el parlamento catalán el 6 y 7 de septiembre. Otra voz importante y sensata ha sido la de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, de la marca catalana de Podemos, que apoyo el derecho a decidir, al mismo tiempo que se declaró contraria a la independencia, e igualmente condenó la actuación policial y judicial llevada a cabo desde el Régimen; así como la insensatez de declarar la independencia de un modo unilateral, cuando en realidad no ha habido referéndum, sino un simulacro de lo que debería haber sido, de darse las condiciones lógicas y legales.

Esa ha sido la excusa principal del Régimen, la ilegalidad del referéndum, es cierto, era ilegal, pero el gobierno, cuando le ha interesado, algo ilegal, en menos de veinticuatro horas ha pasado a ser legal, como en estos días también hemos podido ver

A quienes abogábamos por el dialogo, en no pocos casos, nos han calificado de traidores, cuando menos; incluso, una reunión de diversas fuerzas partidarias del dialogo, con miles de personas dentro, fueron “secuestrados” por miembros de la extrema derecha, sin que la policía interviniese, sino al contrario.

Los nacionalistas españoles, jalearon a la policía y guardia civil al grito belicosos, de “A por ellos, a por ellos, a por ellos, oe oe”, como si fuesen a la guerra. Pronto se llenaron los balcones de banderas monárquicas, tantas o más que cuando la selección española ganó el mundial de Sudáfrica. Gentes que nunca habían participado en una manifestación

para protestar por los recortes en sanidad, educación, en derechos sociales y laborales de todo tipo, colocaron su bandera “made in China” en el balcón y salieron a la calle en “procesión”, perdón, en manifestación con banderas monárquicas y algunos, directamente franquistas. No salieron para protestar contra la descomunal corrupción del partido del gobierno, que ahora está abierto el caso en los juzgados y que, gracias a Cataluña, está pasando totalmente desapercibido, sino para protestar contra el derecho de los catalanes a decidir sobre su futuro, culminando con una gran manifestación en Barcelona, con autobuses procedentes de toda España. Hasta el mismo rey pronunció un discurso nada conciliador, que fue calificado por algunos como una declaración de guerra. En realidad, hizo suyo el discurso de Mariano Rajoy.

También salieron a la calle los independentistas, que tampoco salieron para protestar contra los recortes llevados a cabo por el gobierno de la Generalitat de Cataluña, similares a los llevados a cabo por el gobierno de Rajoy, y con políticos tan corruptos como los del Partido Popular. Por lo general, esas manifestaciones trascurrieron de manera pacífica; pero también, en muchos casos de manera belicosa, e igualmente, con actos vergonzantes contra familiares de guardias civiles, que, al fin y al cabo, son unos “mandados” mal pagados. Los nacionalistas independentistas, al igual que los nacionalistas españoles, llenaron sus balcones de esteladas, por supuesto, también “Made in China.”

Por último, también salimos a la calle, en toda España, quienes siempre salimos a la calle para protestar contra la corrupción, contra los recortes en derechos y libertades llevados a cabo por el muy reaccionario gobierno de Mariano Rajoy. En esta ocasión salimos para pedir o exigir dialogo. Posiblemente cometimos un error, el salir con banderas blancas, en lugar de con nuestras banderas, rojas o republicanas. En todos los noticiarios, al servicio del Gobierno, dieron a entender que salíamos para exigir que entrasen en razón solo los políticos independentistas, cuando iba dirigida la petición o exigencia a los nacionalistas españoles y catalanes, incluso más al Gobierno de España, mucho más intransigente y antidemocrático que de Cataluña (lo ocurrido en el parlamento catalán los días 6 y 7 de septiembre quitó toda credibilidad democrática al gobierno catalán, a pesar de ello, más dialogante).

Ya desde el fin de semana, parecía que comenzaba a haber posibilidades de dialogo por parte del gobierno de Puigdemont, sobre todo después de la masiva fuga de grandes empresas catalanas, incluidos los dos grandes bancos de Cataluña, Caixabank y Sabadell, pero también el gran grupo Editorial Planeta, el mayor grupo editorial de Cataluña, de España y casi del mundo. Empresas tan catalanas y representativas como Codorniu o Freixenet, posiblemente los mayores fabricantes de cava (champán) a nivel mundial, también han cambiado su sede a Madrid. Todo eso, gracias, a lo dicho antes, a promulgar una ley de un día para otro, que permitía el traslado de las empresas, de un minuto para otro, sin consultar a sus accionistas.

Tras los resultados, (con dos millones de votos en las urnas, sin garantías por parte de nadie, ni siquiera de los observadores internacionales propuestos por el gobierno catalán) pronto se comenzó a hablar de que finalmente no se produciría la declaración unilateral de independencia, cada día era retrasada un poco más la intención, lo que sería a las cuarenta y ocho horas, pasó a ser setenta y dos, después dijeron que lo harían coincidir con el aniversario del asesinato de Lluis Companys (presidente de la Generalitat que proclamó el Estado Catalán dentro de la República Española). Por cierto, el portavoz del PP, Casado, en un alarde propio de un retrogrado franquista, que es, dijo, que a los independentistas les pasaría lo mismo que a Lluis Companys, sin que fiscalía, tan rápida

en otros asuntos, interviniese para nada. Más tarde lo retrasaron para el domingo, después para el lunes, y finalmente, con el globo deshinchado, no la proclamaron ayer. Tal vez la han proclamado, pero de una manera tan confusa, que nos ha recordado las explicaciones de una ministra sobre uno de los miles casos de corrupción del Partido Popular, “en simulado y diferido”.

Realmente, el discurso de Carles Puigdemont ha sido tan ambiguo, que muchos todavía no tenemos claro si ha proclamado o no la independencia de Cataluña, o si como dicen algunos, la ha proclamado y ha durado tan solo ochos segundos.

No parece que exista duda sobre que los lideres independentistas han tenido miedo, o tal vez, utilizan la estrategia para ganar tiempo, y así implicar a mediadores internacionales, lo cual es muy difícil. El Gobierno de Cataluña ha tenido miedo a enfrentarse a las más que posibles consecuencias de una hipotética declaración de independencia. Su manera proclamar la independencia y aplazar ejecución, ha defraudado profundamente al mundo nacionalista; sin embargo, posiblemente no evite la ejecución del artículo 155 de la Constitución española, o parte del mismo: suspensión de autonomía, destitución de los cargos electos y convocatoria de elecciones, posiblemente con los principales líderes independentistas en la cárcel, acusado de sedición. Es pronto para hablar, Hoy habrá un Consejo de ministros a primera hora de la mañana y por la tarde hablará por fin el presidente del Gobierno, escondido durante estos días.

Está casi claro que no se ha producido esa declaración de independencia, y en consecuencia el gobierno de España debería intentar hacer lo que no ha hecho, buscar una solución política y negociada. Algo que dudo mucho, más conociendo a Mariano Rajoy, a la derecha extrema que representa y los buenos réditos que le está dando su anti-catalanismo en el resto de España. Si pretende presentar esta derrota de la democracia como una victoria militar, y no escucha a los catalanes, volverá a equivocarse. Me temo que eso será lo que hará, y el problema se prolongará en el tiempo, para así continuar ganando elecciones a pesar de la corrupción.

Quienes salimos con las banderas blancas, pensamos que debería escucharse la voz de esos dos millones de catalanes que desafiando las adversidades y arriesgando su integridad física, decidieron ejercer su derecho al voto. También pensamos, que es necesario un referéndum, no solo en Cataluña, sino en toda España, para independizarnos del lastre que nos dejó en franquismo, la monarquía borbónica.

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