PORTADA
EMPRESA
CLASIFICADOS
MULTIMEDIA
TURISMO
EDIC. ANTERIORES
CONTACTO
 
 
         
         

 

El libro de Mariano Saravia
Honduras Hoy


La realidad del golpe de Estado y la resistencia de un pueblo

La actualidad política del país centroamericano desde la óptica de uno de los mejores escritores de Córdoba.

Saravia cubrió los acontecimientos que rodearon la vuelta del presidente Manuel Zelaya a su país.

 

"Nadie debe obediencia a un gobierno usurpador ni a quienes asuman funciones o empleos públicos por la fuerza de las armas o usando medios o procedimientos que quebranten o desconozcan lo que esta Constitución y las leyes establecen. Los actos verificados por tales autoridades son nulos. el pueblo tiene derecho a recurrir a la insurrección en defensa del orden constitucional".

 

INTRODUCCIÓN

El mejor momento y el mejor lugar

América Latina es hoy el único lugar del mundo en donde están poniéndose en discusión nuevos o distintos modelos políticos, ideológicos y hasta civilizatorios. Uno de esos lugares de nuestra América, clave en esta revolución continental, es Honduras, salvajemente golpeada por esta aventura golpista. Con todas sus contradicciones y paradojas, Honduras estaba siendo conducida por un ex empresario maderero hacia la revolución de Morazán y Bolívar. El presidente constitucional José Manuel "Mel" Zelaya había incluido a su país en el Alba. Había iniciado un proceso no sólo de integración regional sino también de distribución de la riqueza. Y todo eso en el país que históricamente fue la plataforma del Imperio en Centroamérica.
Hay que recordar que desde Honduras, en 1954 la CIA planificó el derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala, la invasión a Cuba por la Bahía de Cochinos en 1961, la guerra contrarrevolucionaria de Nicaragua y la guerra contrainsurgente de El Salvador en la década de 1980. Por todo eso, Honduras es emblemática, además de por ser la cuna de Morazán y por ende el germen de la unidad de los cinco Estados en que se dividió la nación centroamericana (Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras y Costa Rica).

Contexto

William Howard Taft, 27° presidente de los Estados Unidos, había dicho en 1912: "No está lejano el día en que tres banderas de barras y estrellas señalen en tres sitios equidistantes la extensión de nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el Canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro, de hecho, como en virtud de nuestra superioridad racial, ya es nuestro moralmente".
Como un verdadero visionario, Taft preanunció el ascenso de su país como principal potencia mundial, desplazando de ese lugar a sus maestros ingleses. Y en ese sentido, también reemplazaron a Inglaterra como poder colonial en Sudamérica. De hecho, la metrópolis fue Madrid entre 1492 y 1810; luego fue Londres hasta el período de entreguerra, y desde entonces lo es Washington. Hasta la Enciclopedia histórica de Oxford pone como ejemplo de la categoría política de "semicolonia" a la Argentina de la primera mitad del siglo XX en relación con el Reino Unido.
Ahora bien, ese estatus de semicolonia de Inglaterra durante la primera parte del siglo pasado, en los años '70 pasó a ser de colonia de Estados Unidos con todas las letras, ya que a la dominación económica se le sumó la dominación brutal por la fuerza, en general utilizando a los militares de cada país adiestrados en Panamá. Hoy, esa amenaza permanece latente, como con el Plan Colombia o los amagues de intervencionismo en Bolivia y Venezuela.
Cuando dejamos de depender de España cambiamos la bandera roja y amarilla por otras que nos empezaron a identificar en la escena mundial. Pero hasta esas banderas nos robaron los traidores que se atribuyeron la representación de la nación y en nombre de ella implementaron el terror de Estado y la expoliación económica del pueblo. Hoy esas banderas están maltrechas, pero las estamos recuperando.
Están sucias y rotas de tanto ser pisoteadas por los poderes extranjeros y sus cipayos, pero están ahí, a nuestro alcance. Podemos embanderarnos con nuestros colores, podemos reconocernos en ellos y ponernos la camiseta de nuestro equipo.
El liberalismo conservador (que en economía no es una contradicción) usó históricamente un falso y fatuo nacionalismo para sus propósitos, y también para dividirnos y licuar las ideas de Bolívar y San Martín.

Es una paradoja que hoy, ese mismo liberalismo conservador, ante proyectos nacionales y populares como los de Venezuela o Bolivia, agiten "el peligro del nacionalismo". Pero la verdad es que estos nacionalismos están volviendo la mirada hacia sus propios pueblos, y abriendo el espectro hacia los costados, redescubriendo el sentido de ser sudamericanos, desempolvando las ideas bolivarianas y sanmartinianas, y predicando en definitiva un nacionalismo internacionalista (que tampoco es una contradicción). O más bien, recuperando la noción de gran Nación en torno a la solidaridad entre los pueblos.
Después de la "Década Infame" de los años '90, en la que nos quisieron hacer creer aquello que decía Francis Yukuyama acerca del fin de la historia y el sepelio de las ideologías, algo está sucediendo en Sudamérica.

Mientras el resto del mundo parece todavía empantanado en la década pasada o en guerras santas, América Latina es la única región del globo que está redescubriendo el sentido de la lucha de liberación social. Con mayor o menor éxito, con mayor o menor coherencia, con mayor o menor decisión, Sudamérica es el único lugar de la Tierra donde se escuchan palabras como justicia social, redistribución del ingreso, educación popular, salud pública, derechos humanos, y, sobre todo, integración regional. Hoy hemos redescubierto o estamos en vías de redescubrir que somos sudamericanos. Con el Área de Libre Comercio para las Américas (Alca), los Estados Unidos esperaban cristalizar el sueño de William Taft, pero lamentablemente para ellos, ese proyecto murió con la Cumbre de las Américas realizada en octubre de 2005 en Mar del Plata. Y la alternativa es el Alba, ahora rebautizado como Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América.

Hoy, poco a poco, las sociedades sudamericanas van recuperando sus colores, ya no están tan pálidas. Van recuperando todos sus colores, su multiplicidad de colores. Ya no hay un gran hermano que marca un modo monocromo de actuar.
Hasta las palabras Patria y patriota se están recuperando. Sería importante poder empezar a recuperar conceptos como militar y Ejército nacional, a pesar de que hayan sido y todavía sean muchos los traidores y la imagen de las instituciones se haya manchado. Aún hoy hay algunos ejércitos como el hondureño que siguen estando formados por soldados mercenarios, traidores, cipayos de la oligarquía local y asesinos de su propio pueblo.

Víctor Heredia, en su canción "Aquellos soldaditos de plomo", dice:

"Yo quiero una fila entera,
de soldados desfilando,
y todo un pueblo cantando,
con renovada pasión,
quiero de nuevo el honor,
aunque no existan victorias,
quiero llorar con la gloria,
de una marcha militar,
y un banderín agitar,
frente a un ejército popular".

Y para recuperar todo lo nuestro es importante volver la mirada atrás, repasar las campañas, el valor y el pensamiento de nuestros grandes militares como Morazán, Miranda, Bolívar, San Martín, O'Higgins y Artigas. Habrá que aprender de los pueblos originarios aquello de que el pasado siempre está adelante, y que para avanzar hay que mirar a nuestros padres y abuelos. Como pueblos y como sociedades, también deberemos poner a la historia en el lugar central que debe estar, entenderla no como un compendio enciclopedista de fechas y de batallas sino como una verdadera lección de vida, y emparentarla definitivamente con el presente.

 

 
 
 
 

  El Diario de Carlos Paz - Alvear 381, Loc.1 - Tel. 03541-486587 - E-mail: eldiariodecarlospaz@uolsinectis.com.ar / eldiariodecarlospaz@yahoo.com.ar