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UNIVERSIDAD  DE  LA  INTEMPERIE 

Micrografías,
por Bosquín Ortega  



“La música es un esperanto sonoro“.
Emmanuel Lévy


Cuando el cable, cifrado y escueto, de la agencia informativa transmitió el suceso del conflicto de salud acaecido a Horacio Guarany, experimenté una sensación de impotente desamparo y de urgida impaciencia frente a la escasa precisión de la especie informativa.

Amo y admiro, desde mi niñez signada por la influencia de mi padre, melómano autodidacta, con sino de tango, y de mi madre, cantante y profesora de música, heredera de generaciones de músicos santiagueños, la estética y la conducta del singular intérprete argentino.
Pronuncio singular y afirmo intérprete, porque entiendo y defino en éste sentido estricto a Heraclio Catalín Rodríguez, tal su genuina identidad, oriundo de Alto Verde -Santa Fe-, allende los ochenta calendarios.

Singularidad entendida como naturaleza probada en la experiencia, carácter como carisma que se perfecciona, certeza confirmada en la búsqueda elegida. Intérprete   innato del entorno original, como lectura de los signos de un orbe común y desarrollo inteligible de una realidad a ser entendida y, sobre todo, interpretada.

Heraclio Rodríguez decidió encarnar a un personaje de su imaginación, llamado Horacio Guarany. Se preparó desde su temprana juventud para ser auténtico traductor de esa criatura que desde su inmanencia montaráz adquirió una popularidad extraordinaria, cuya resonancia convocante supera el medio siglo de permanencia.

La fecunda y extensa obra de Guarany es un discurso abierto de un genio en estado silvestre, un “raro avis” de imaginería ininterrumpida, un vate poético de aliento inconciente, pero que participa alerta de su carisma espontáneo. Lo que el genio tiene de bello es que se parece a todo el mundo, dice Balzac, y nadie se le parece.

Su genialidad, en su ejemplo personal, no reside en una excepcionalidad de sobreabundancia de una característica congénita. Su don reside en que todo su hacer es un acto de creación activa. Es lo que Jerzy Grotowsky, dramaturgo y teórico, denomina una comprensión perceptual, diferente -pero no contradictoria- de una comprensión intelectual. Guarany percibe sin prejuicios y produce sin preconceptos, con esa suerte de atrevida inocencia de los creadores empíricos que seduce y persuade a públicos diversos y diferentes. Entra en la vida como un niño antiguo poseído por la inspiración del asombro.

Guarany es más poeta que letrista, aunque construya sus textos con el ejercicio del silabista sonoro en orden a una melodía establecida. Sus imágenes y sus metáforas, en sus cualidades respectivas, poseen una belleza precisa y serena que profesan una voluntad de poetizar en toda la realidad. Arriesga tropos y giros de audacia medida, sinestesias y metonimias de rezumado imaginismo que auspician climas y signos propios, sin perturbar el equilibrio poético. Percibe, sabiduría peregrina, que una canción es una arquitectura de belleza flotante, un camafeo de orfebrería melódica, una novela diminuta escrita en compases.

Su capacidad de melodista es la piedra imantada de la emoción movilizadora que libera en auditorios a escala de multitud, pero que también elogian músicos de formación académica. El color y el sabor de su palabra percutida y cadenciada ofrece aristas de lucimiento a un conjunto vocal, un ensamble de cámara o una orquesta sinfónica. Escribe y compone en unísona armonía de matíces y sutilezas, inspirado por una inefable modulación.  
Sus canciones están cruzadas por un luminoso ecuador expresivo y que permite distinguirlas, con meridiana elocuencia, en el horizonte del cancionero argentino y sudamericano.

Escasos autores y compositores concitan el carisma de referencia que distingue a Horacio Guarany a través de más de quinientas canciones compuestas y registradas, durante más de medio siglo en el oficio de cantor de asuntos criollos. La memoria popular responde, de inmediato, cantando o tarareando la mayoría de sus temas por la cadencia reconocible en los compases iniciales. Inusual condecoración unánime a que arriban algunos y escasos artistas, elegidos por el plebiscito intuitivo de las mayorías. En su caso, un clásico por veredicto popular
El reciente ingreso al trópico de la narrativa en forma de novela y relato (Diario de un loco, el primero de sus títulos) es otra instancia de una obstinada saga autobiográfica que constela el ejemplo de un “hombre hecho a sí mismo“, postulado por Walt Whitman y el drama colectivo de su tiempo. 
En su poesía y en su prosa, prisma de un testigo, convergen el lenguaje y el testimonio de un militante de la existencia: lo épico y lo lírico, el compromiso ideológico, la nostalgia por la infancia, el destino del paisaje, la pobreza de su familia, la explotación de su padre en La Forestal, las luchas obreras, la crítica social, el gusto kayhaniano por el vino, la mujer y el amigo, la censura y el exilio, el calabozo y el escenario, la partida rumbo a enclaves de ultramar y la travesía por las comarcas de una Argentina ocultada.

Exigido y destilado aprendizaje en la universidad de la intemperie para un hombre que abandonó la aurora de la escuela primaria por el eclipse del pan en su casa, que hizo de la guitarra su palanca para mover el mundo que le designó la providencia, que como Miguel Hernández que aprendió el Siglo de Oro Español mientras pastoreaba sus cabras o como Armando Tejada Gómez que conoció el alfabeto en su adolescencia, subió la cuesta dura y pudo contemplar la Tierra Prometida.           

Empírico y vitalista, rapsódico y ecuménico, Horacio Guarany y su causa de canto reúnen el rostro único de un himno viviente que propaga una esperanzada fraternidad.  

 

DATOS DE BOSQUÍN ORTEGA

 Bosquín Ortega: poeta, músico y periodista chaqueño. Publicó Penitencia del Ángel, La Navidad Chaqueña (Cantata Popular), con música de Zitto Segovia, El Vía Crucis Criollo, Siglos de labios, Fulgores y Gardélicas.
Cantautor y productor de Canto Rodado, Seres (Canciones con destinos) y Tangonauta, montajes de su autoría.
Trabajó en cine en Millonarios a la fuerza (Enrique Dawi) y El Viaje (Fernando Ezequiel Solanas).

 

 

 

 
 
 
 

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