Cuando sangra el Impenetrable
Por Pedro Jorge Solans ,,,,,,,,,Fotos: Santiago Solans
Un informe fotográfico que sintetiza la cruda realidad que vive la nación toba en los diferentes parajes enclavados en el Impenetrable.
Desde Castelli, el portal mismo del monte chaqueño, se nota la discriminación, el abandono y la sistemática desidia con que se atiende a la población carenciada y a las etnias minoritarias.
En el hospital Güemes de Castelli, cabecera de la Zona 6 de Salud Pública, se respira la muerte en dosis de inmoralidad e indolencia.
Se traspasa la entrada donde se rebosa el colapso de las cloacas y se extiende un olor ocre de piel milenaria y dolor ancestral hasta que, en la zona de las salas de enfermos de tisiología, la situación se vuelve trágica.
Allí Roberto, de Tres Isletas, está desesperado, padece de lesmianasis, enfermedad ocasionada por el desmonte irracional: Un virus le come los cartílagos del rostro, y mientras se deforma su cuerpo, nadie lo diagnostica. También la tuberculosis no tiene piedad ni remedio en los pacientes arrinconados que viven en ese fatídico hospital la irracional espera del desenlace. Nadie quiere ver.
Después es sólo dejarse llevar por el monte, cruzar un puente de madera casi intransitable sobre el río Bermejito, y a poco de andar el paraje Paso Sosa. Los hermanos Mendez, Antonio tuberculoso y chagásico. Desnutrido por supuesto y su hermano Clemente que lo cuida. Todo una postal de la templanza. Más adelante, uno de los charcos, que abastece agua a la población. Las algas tóxicas, los animales y los camalotes ponen el color a la tragedia. Sin hervir consumen niños y enfermos. La vida se pelea con la muerte en cada tramo. Hasta ahora sigue ganando la vida, con los tobas resistiendo desde una resistencia biológica: Se acostumbraron a vivir con hambre y enfermos y sin querer, el alimento emocional los mantiene erguidos. Juan Sosa, en el paraje El Colchón, se emocionó agradecido porque recibe visitas y llamó a compartir su pobreza con sus hijos, también desnutridos y tuberculosos.
En Pozo del Bayo, los familiares de Mabel Pino Fernández, rezan en su tumba. Murió con 26 kilos y tras ser dada de alta. Tenía 42 años.
En el Espinillo, Apolinario espera su turno y no habla. Su mirada parece decir ayúdame, que me estoy yendo.
| El dolor en fotos | ||||||||||
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