Madre Tránsito Cabanillas:
El misterio de una punillense
Por Pedro Jorge Solans ,,,,,,,,,
Villa
Carlos Paz. La beatificación de María del Tránsito
Eugenia de los Dolores Cabanillas ratificó el don especial que se
«respira» en el Valle de Punilla. Es una zona muy particular
dentro de una Provincia agraciada geográficamente.
Pareciera natural que una cordobesa, elegida por Dios, naciera en tierras
punillenses; pero todo lo que tiene de importante, grandioso, esencial,
lo tiene de sencillo. Es por eso que no es fácil recibir los mensajes
de Dios inmersos en el aturdimiento.
Retumban hoy, más que nunca, las palabras que dejó en su despedida,
María del Tránsito, «desde el cielo les haré
mucho bien». Pero más eco tienen sus obras y sus milagros.
Nunca mejor escenario para revisar nuestra historia y mirar para el cielo.
Ella como nadie sabe de dolor, desconcierto, violencia, descontrol, descreimiento,
y horror. Fue testigo del «país desangrándose entre
unitarios y federales». Ella tiene méritos y virtudes para
ser luz, pregonando y construyendo.
En un país donde el agobio y el cansancio obligaron a plegar las
alas de los sueños y de la vida; sería bueno, darle la bienvenida
y escuchar a María Tránsito de Punilla cuando nos dice; «procuremos
ser muy positivos y sinceros en todas nuestras palabras, acciones y pensamientos».
Y «ahora que tenemos tiempo, obremos el bien».
Tal vez, en este laberinto que nos plantea el inicio del tercer milenio,
que, aparentemente, no tiene salida ni fin, María Tránsito
de Punilla nos puede dar una pista, «la unión solamente nace
de los corazones humildes y mientras el Divino Amor sea el móvil
de todas nuestras acciones».
La Madrecita o la Santa de la Canastita, dejó tres signos claros
para los argentinos. La pertenencia, amando y comprometiéndose con
lo suyo, la solidaridad en el quehacer diario y constructivo, y la esperanza,
en las gracias y los milagros con los cuales empezó a cumplir sus
palabras de despedida. «Desde el cielo les haré mucho bien».
Creo que más ayuda no podemos pedir, habrá que conocerla,
amarla y llevarla como el estandarte de esta nueva Argentina que queremos
parir.

En el año 2002, a orillas del Lago San Roque,
cientos de fieles celebraron
una misa con motivo de la beatificación de la Madre Tránsito.
Luz y lago
María del Tránsito Eugenia de los Dolores Cabanillas nació
en la Estancia Santa Leocadia, tierras que pertenecieron a Don Carlos Nicandro
Paz, un frío 15 de agosto de 1821, en un vallecito próximo
a San Nicolás. Sus padres fueron Don Felipe Cabanillas Toranzo y
Doña Antonia Francisca Sánchez Luján.
El 24 de setiembre de 1671 Don Manuel Gutiérrez de Toranzo funda
la Capellanía de Santa Leocadia, en la estancia de Quisquisacate,
con bienes dejados por su suegro y es el primero que introduce el nombre
de Santa Leocadia en el valle, siendo el fundador de la estancia del mismo
nombre, haciendo notables mejoras y dotando a sus tierras de la capilla,
que luego fue puesta bajo la advocación de Nuestra Señora
del Carmen, entre 1671 y 1683. En 1778 se realizó el primer padrón
de la región y se estableció que en la estancia de los Toranzo
habitaban 94 personas; y en 1840 se determinó el nuevo padrón
de la Pedanía San Roque, realizado por el juez del Partido, Don Lucas
Cabanillas: tenía Santa Leocadia 101 vecinos y San Roque 49.
María del Tránsito Cabanillas habitó en el valle hasta
el 5 de octubre de 1838, cuando su padre Don Felipe fijó su residencia
en Río Segundo y renunció al Patronato de la Capellanía
en su sobrino Pedro Lucas Cabanillas. Luego se fue desmembrando la finca,
donde llegaron a existir hasta 10 casas y ranchos.
La infancia
La Primera Beata argentina nació en una casa, posiblemente el casco
de la estancia, a unos cien metros de la actual autopista Justiniano Allende
Posse, donde se encuentra un campito cultivado con restos de un molino de
viento. El 10 de enero de 1822, en la Capilla San Roque se le impuso el
óleo y crisma, o sea el bautismo cristiano y católico. Esta
capilla, construida alrededor del año 1800, es la quedó sepultada
por las aguas del lago San Roque, cuando se construyó el dique del
mismo nombre en 1891.
Allí, muy cerca del valle de San Roque, vivió la familia de
Felipe Cabanillas y frente al casco de la estancia, un 22 de abril de 1829,
se produjo la batalla de San Roque, entre las tropas del brigadier Juan
Bautista Bustos y el unitario general José María Paz. María
del Tránsito, con sólo 8 años de edad, junto a sus
otros 10 hermanos y padres, debió soportar la época violenta
de los caudillos y el paso de las tropas que luchaban en una abierta guerra
civil.
A Tránsito le correspondió en esa terrible época de
desencuentros entre los argentinos, cuidar de sus hermanos menores. Ella
era la tercera y trabajó permanentemente en la casa, en el cuidado
de los animales y en la cocina. Fue una niña abnegada y todo amor
hacia sus semejantes.
Posteriormente, la familia Cabanillas se trasladó a Río Segundo,
donde Tránsito comenzó a mostrar sus sentimientos religiosos.
Para esa época se había transformado en una mujer de hermosos
ojos color almendra, cutis blanco y cabellos rubios. Era de regular estatura
y de vestir sencillo.
Sus padres fallecieron en la década del '50 y ella en esa época
se encontraba en la ciudad de Córdoba, junto a su hermano Emiliano,
que llegará al sacerdocio, mientras que Tránsito ingresará
en 1858 como Terciaria Franciscana.
En 1873 integró el Carmelo de Buenos Aires y un año después
entró en el Monasterio de la Visitación de Montevideo. Su
quebrantada salud frustró ambos intentos de profesar la vida religiosa.
Hacia el año 1878, a los 57 años de edad, fundó el
Instituto de Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas, cumpliendo su
sueño de buscar el bien y glorificar a Dios.
El instituto religioso se difundió por toda la argentina y en la
actualidad las hermanas dirigen establecimientos primarios, secundarios
y terciarios.
La Madre María del Tránsito Cabanillas de Jesús Sacramentado
falleció en 1885.