El Pantanillo, la morada cordobesa de Sábato

Por Pedro Jorge Solans ,,,,,,,,, Fotos: Charly Soto


Sábato y sus recuerdos con García, propietario actual de La Tapera y esposo de Francisca "Panchita" Binimelis, quien se crió con los Sábato. Doña Jovita y los periodistas Mario Almada y Pedro Solans escuchan.

Villa Carlos Paz. Ernesto Sábato llegó a El Pantanillo en 1943, en plena crisis personal. Atravesaba el proceso que lo llevó a abandonar la ciencia.
Dejaba sus cátedras de física teórica en la Universidad de La Plata y boceteaba su primer libro.
En esa situación y con escasos recursos, Federico Valle le recomendó El Pantanillo. Vivió con su familia un año y escribió su primer libro: Uno y el Universo, que obtuvo en 1945 el primer premio de prosa de la ciudad de Buenos Aires.
Durante ese año, los Sábato convivieron con los vecinos de El Pantanillo y sobre todo, con la familia Binimelis, que guardó aún recuerdos valiosos de esa época.
Francisca "Panchita" Binimelis era una niña en esa época y su infancia cerca de los Sábato fue un tesoro. Recordó que Jorge, el hijo mayor del escritor, vivía en las sierras acompañado por un caballo ordinario, blanco, cabezón, viejo y feo, que lo llamaban Califa y a quien, Jorge le había escrito un poemario y fue distribuido por el vecindario. A menudo, al binomio Jorge/Califa, se le suma el perro de Federico Valle conocido en el paraje como Punk.
La barra de niños de la zona era integrada por Jorge y Mario "Patatín" Sábato, Adolfo, Francisca y Antonio Binimelis, y los Guevara, especialmente Juan Martín.
Para Francisca "Panchita" Binimelis, "Don Ernesto Sábato era un hombre muy callado y atento; pero no daba aspecto de tranquilo. Escribía sentado bajo una higuerilla que existía a la derecha del rancho "La Tapera". Yo tenía catorce años y a veces le servía la mesa. En un almuerzo me dijo: "Pancha le voy a hacer un regalo. Tome este dibujo". Era un boceto de la casa. Doña Matilde le reprochó ´hacele un regalo que tenga valor´ le dijo".
"El siempre estaba serio. Pero cuando tenía ganas de hablar era un hombre muy agradable, muy atento. Daba gusto conversar. Muchas veces comentábamos con mamá que parecía un hombre atormentado. Siempre pedía sosiego, tranquilidad a su señora. Ella sí, era impetuosa, ansiosa, muy ansiosa. No podía estar quieta. Y eso influía en él, parecía que lo irritaba".
Francisca Binimelis lo vio por última vez a Sábato en 1965. El escritor había venido a Córdoba y pasó por Carlos Paz a saludar a los Binimelis. En esa oportunidad, se llegó hasta "La Tapera" que ya estaba abandonada. Le dedicó un ejemplar del libro "Uno y el universo" a "Panchita" y se lamentó por el estado en que se encontraban los ranchos. Saludó al padre de los Binimelis, don Lorenzo y preguntó por un dibujo de una garza que lo atesoró la madre de Francisca, pero ella no supo qué contestarle.
Entre los lugareños que asistieron a los huéspedes de El Pantanillo estaba doña Tomasa Ortiz de Polanco que les cocinaba. Eran famosas las empanadas de doña Tomasa. A Sábato le gustaban muchísimo. La cocina de doña Tomasa era muy reconocida por los porteños.
También Andrés García era parte de los asistentes de aquellos "turistas muy originales". García iba a buscarlo a Carlos Paz o, a Córdoba cuando llegaban en tren. Don García se movilizaba en un Dodge modelo 40.

Así lo recuerda

"El Pantanillo no era un lugar de veraneo, en el sentido habitual y correcto de la palabra, sino más bien un refugio de gente un poco bohemia y sin dinero y fuera de los Cordova Itrurburu, que alquilaban todos los veranos la casa de los Binimelis, los demás vivíamos en simples ranchos, y en algún caso poco más que eso, sin agua corriente, sin electricidad. Nos bañábamos en el río, lo que en invierno no era casi imposible.
Cuando en 1943 decidí abandonar mis cátedras y mi carrera de físico, necesité buscar un sitio que no me costara casi nada, porque quedábamos literalmente en la calle y pudimos sobrevivir gracias a algunas traducciones y artículos escritos con seudónimo en el diario El Mundo.
Fuimos a parar allá por indicación de Enrique Wernicke, amigo de los Gainza Paz, que también pasaban largos períodos. No los Gaiza Paz de La Prensa sino sus primos pobres. El primer lugar que ocupamos fue un poco más que un rancho que ocupaba don Federico Valle, fundador del cine argentino, pero ya en la ruina económica. Me alquiló el rancho por 17 pesos, él se quedó viviendo en una carpa, donde traducía "Ulises" de Joyce. Un viejo encantador. Eramos todos unos muertos de hambre con excepción de Cordova Iturburu. También se fueron a vivir allí la madre del Che y sus hijos, menos él, que andaba en diferentes partes con su moto. Yo no lo conocí por ese motivo.
Mi estadía en El Pantanillo, pues se debió a motivos de pobreza, aunque, desde luego, tomamos gran cariño a la hermosa y en aquel tiempo casi salvaje serranía, en la que aún se podía topar con un puma.
Carlos Paz en 1943 era un pueblito, que nada tenía que ver con lo que es hoy. En El Pantanillo mismo había turistas, en el sentido estricto de la palabra. Así pasamos todo el año 1943, escribiendo yo mi primer libro y meditando en mi abandono de la ciencia, que no fue tan sencillo y lineal como alguien puede imaginar".

PORTADA
En enero de 2002, el escritor volvió a visitar su antigua casa